La empresa bp ha decidido abandonar el Australian Renewable Energy Hub (AREH), un megaproyecto valorado en 36.000 millones de dólares que prometía posicionar a Australia como epicentro de la producción de hidrógeno verde. Lo hace justo en un momento en el que crecen las dudas en el sector sobre los retornos de las energías renovables a gran escala.

El anuncio, aunque llamativo, no sorprende si se observan los últimos movimientos de la petrolera. En los últimos meses, bp ha comenzado a reajustar sus prioridades, replegándose sobre sus áreas más rentables y tradicionales: el petróleo y el gas. En ese contexto, el proyecto AREH no encajaba en los nuevos planes.

El giro de bp: de la energía verde al retorno seguro del petróleo

La energética británica ha comunicado oficialmente que ya no formará parte de AREH, tanto como operador como accionista. Deja así en manos de sus socios, InterContinental Energy y CWP Global, la continuidad del proyecto en la zona de Pilbara, al oeste de Australia. El AREH apuntaba alto: captar hasta 26 gigavatios de energía eólica y solar para producir cerca de 1,6 millones de toneladas anuales de hidrógeno verde. Un plan de lo más ambicioso que, sin embargo, requería una inversión enorme y con beneficios proyectados a muy largo plazo.

Hidrógeno Verde

En este nuevo escenario, bp apuesta por limitar su exposición a proyectos que aún no garantizan márgenes claros. La presión de los accionistas ha sido un factor decisivo. Varios fondos han señalado su inquietud por la baja rentabilidad de las iniciativas verdes de la empresa, lo que habría influido en la decisión de dar marcha atrás.

El abandono del AREH no sólo refleja una preocupación por los resultados, también un ajuste en la visión estratégica. La empresa quiere centrarse en iniciativas donde tenga más control operativo y un historial comprobado de beneficios.

La apuesta de bp: menos innovación, más disciplina financiera

Este movimiento encaja dentro de un “reinicio estratégico” que bp lleva meses aplicando en silencio. En lugar de expandirse en renovables de forma agresiva, la compañía ha comenzado a revisar cada inversión con una lupa financiera. Sólo se comprometerá con aquellas que ofrezcan retornos rápidos o que complementen directamente sus negocios actuales.

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En este marco, el proyecto AREH resultaba un desafío complejo. La magnitud del proyecto, su dependencia de tecnologías en fase de desarrollo y la competencia global por el hidrógeno verde lo convertían en una apuesta arriesgada. La compañía bp parece haber decidido que ese riesgo ya no compensa. El giro de timón también coincide con un relevo en la cúpula de la compañía. Albert Manifold asumió recientemente como presidente del consejo de administración, reemplazando a Helge Lund. Bajo su liderazgo, se han ajustado los objetivos climáticos de la empresa y se ha suavizado el compromiso para reducir emisiones antes de 2030.

Esta nueva etapa no significa necesariamente el fin del interés de bp en la transición energética, pero sí un enfoque más cauteloso. No se trata de dejar atrás las energías limpias, sino de elegir con más precisión en qué batallas vale la pena invertir.

Una tendencia que podría replicarse en otras petroleras

La retirada de bp del AREH no es un hecho aislado. Hace poco, la empresa también vendió su división de energía eólica terrestre en Estados Unidos. Estos movimientos parecen formar parte de una estrategia coherente: desinvertir en sectores donde la rentabilidad es incierta o donde bp no tiene una ventaja competitiva clara.

El mensaje es evidente: el capital se redirige hacia las áreas que han sido históricamente más rentables para la firma. En otras palabras, menos apuestas al futuro y más respaldo a lo que da resultados hoy. La prioridad es generar valor para los accionistas en el corto y medio plazo.

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Con esta decisión, bp se pone en línea con una tendencia más amplia en la industria: una reevaluación del entusiasmo inicial por las energías renovables. Aunque las presiones medioambientales y regulatorias siguen ahí, cada vez son más las grandes empresas que se preguntan si el ritmo de inversión en renovables es realmente sostenible.

La salida de bp del proyecto australiano AREH puede terminar siendo un punto de inflexión. Dependiendo de cómo evolucionen los precios del petróleo, el coste del capital y la regulación internacional, otras grandes empresas del sector podrían seguir un camino similar. Por ahora, la transición energética sigue adelante, pero no todos están dispuestos a recorrerla al mismo ritmo.